Por Carlos E. Ramírez, Creative Lead
Para entender la publicidad de hoy, primero hay que mirar hacia atrás, hacia su origen. La publicidad no siempre estuvo llena de algoritmos, datos y estrategias digitales. Hubo un tiempo en el que bastaba un cartel en la calle o un anuncio en una revista para capturar la atención del público. Los primeros publicistas no tenían herramientas tecnológicas, pero sí un profundo conocimiento de lo que mueve a las personas. Entender ese contexto permite apreciar cómo se gestaron los principios que aún usamos: la persuasión emocional, la simplicidad en el mensaje y la relevancia cultural.
Los nuevos publicistas necesitamos esa cultura, como un cronista deportivo debe conocer la historia del deporte. Sin saber de los primeros Juegos Olímpicos, las hazañas de Pelé o los inicios de la Fórmula 1, su visión sería limitada. Lo mismo pasa con la publicidad: ¿cómo crear campañas memorables si no se conoce la revolución que provocó el famoso “Think Small” de Volkswagen o la irreverencia del “1984” de Apple dirigido por Ridley Scott?
La publicidad es un arte en constante evolución, pero siempre arraigado en sus cimientos. Así como un pintor no puede ignorar a los grandes maestros del Renacimiento, los publicistas deben estudiar las campañas icónicas para entender qué hace que un mensaje resuene. Hoy, un meme viral puede ser tan poderoso como el icónico comercial de Coca-Cola en 1971 (I’d Like to Buy the World a Coke), pero solo conociendo el pasado se puede crear algo realmente innovador que conecte con el presente.
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