Llegamos a la segunda entrega (primera del año) del Radar IA con menos hype y más criterio. Este compilado nace de lo que comentamos entre proyectos, meets y correos: noticias sobre IA que no solo informan, sino que cambian cómo trabajamos, cómo creamos y cómo tomamos decisiones. Es una mirada cercana, hecha desde adentro, para entender qué señales vale la pena seguir.

Sin más que decir, arrancamos:

Google empezó a insertar formatos publicitarios dentro de su experiencia tipo chatbot en Search (AI Mode), con anuncios que aparecen como “ayudas” contextuales (cupones, productos recomendados). La conversación clave no es el formato, sino la confianza: cómo asegurar que la respuesta no se perciba comprada, y cómo se etiqueta lo patrocinado sin matar la utilidad. Esto abre una nueva disciplina: publicidad conversacional con reglas propias (relevancia, transparencia y cero invasión).

España aprobó un borrador de ley para combatir deepfakes y endurecer reglas de consentimiento sobre uso/reuso de imágenes y “likeness” (voz o apariencia) creadas o manipuladas con IA. Para publicidad, la lectura es directa: el terreno de “parecidos razonables” se vuelve riesgo legal y reputacional, y el permiso explícito deja de ser trámite para ser blindaje.

La Comisión Europea trabaja en un Code of Practice ligado a las obligaciones de transparencia del AI Act, enfocado en cómo marcar y etiquetar contenido generado o manipulado (incluyendo deepfakes). Traducción a idioma agencia: viene una época donde “que no se note” ya no es virtud; lo correcto será que se sepa (y que quede rastreable).

Google actualizó Veo con mejoras pensadas para producción real: generación con hasta tres imágenes de referencia (consistencia de personaje/escena) y soporte vertical 9:16, además de mejoras de calidad y escalado. Esto pega directo en publicidad porque reduce fricción entre “idea” y “pieza para publicar” y acelera iteración creativa… siempre que haya dirección (si no, solo produce más variaciones mediocres, pero más rápido).

La foto completa del mes: monetización, regulación y trazabilidad. Los chats se vuelven inventario publicitario, los gobiernos aprietan el uso de imagen/identidad, y Europa empuja el etiquetado como estándar. Para 2026, la ventaja no será “usar IA”, sino usarla con criterio clásico: permisos claros, etiquetas cuando tocan, y una idea que se sostenga aunque le quites el modelo. La tecnología cambia, lo básico no: confianza, reputación y trabajo bien hecho.